¿Cómo comenzó todo?

En la universidad tenía algunos amigos que se transportaban en bicicleta. Siempre me animaban a ir con ellos, a desempolvar mi bici, una aro 24 de hierro que me había comprado mi papá para pasear, pero me demoré bastante en atreverme. Tenía mucho miedo de lanzarme a las calles y que un carro se me venga encima. Un día salimos a almorzar con mis compañeros cerca de la universidad y uno de ellos me dijo: -Súbete a la parrilla de mi bici, te llevo-. Esos 5 minutos que duró nuestro trayecto fueron emocionantes, era una calle bastante transitada, pero el sentir que puedes meterte en medio de los carros y a tu ritmo, hizo que nazca un bichito que daba vueltas en mi cabeza.

Al día siguiente, como todos los días madrugué a tomar el bus que me llevaba a la universidad. Normalmente el trayecto demoraba unos 30 minutos pero ese día fue una exageración, ¡me demore 45 minutos en llegar! Me pregunté: ¡¿cómo era posible que me demore tanto en llegar a la universidad si no vivía tan lejos?! Hice algunos cálculos de distancias y no era para tanto, así que me propuse un reto: desempolvar la bici de hierro para hacer la prueba. Día seguido, sin más, tomé la bici y planifiqué mi ruta para evadir en lo posible las grandes avenidas y usar las ciclovías existentes. No tenía casco, nunca había manejado bicicleta en la ciudad fuera de los ciclopaseos… ¡me moría del miedo! Usé ropa deportiva, porque no iba a pasar todo el día oliendo a sudor, por lo que lleve una mudada extra.

Mi aventura comenzó con una hora de anticipación, no quería llegar atrasada, ni tampoco quería apurarme. Al llegar, para sorpresa mía no había nadie en la universidad, era casi un desierto. Miré el reloj y me había demorado 15 minutos. ¡No lo podía creer! Me demoré tres veces menos que tomando bus, yendo lento y no sudé ni un poquito. En ese momento mi vida cambió, no había otra manera de convencerme más que subiendo en la bicicleta, ¡era mi nuevo medio de transporte!

Comencé a ir a los “Patrimoniales” los sábados de Biciacción, con bici prestada, pero no pasó más de un mes para que con mi primer sueldo, de mi primer trabajo como geógrafa, decida comprar mi primera bicicleta funcional, la llamé “Panelita”, porque llegó a endulzar mi vida. La Panelita me ha acompañado por muchos años, la he personalizado, consentido y cuidado como uno de los tesoros más preciados de mi vida. Desde aquel entonces, mi vida nunca ha sido igual. Panelita me dio libertad, podía ir a donde yo quiera, a mi ritmo, incluso sentía que era una  mujer más independiente y menos miedosa de la ciudad.

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Mis primeras cicleadas

En los últimos meses hubo muchos cambios en mi vida, tiempos muy difíciles por los cuales decidí darme un “brake” de todo, no quise saber nada de trabajo, solo dedicarme a mí misma y a mis tres hijos (mis perritos). Comencé a ciclear mucho más por la ciudad, medité mucho acerca de las cosas que había aprendido de mis experiencias, libros, diálogos entre gente que comparte la misma forma de vida que yo.

Mi sueño, que comparto con algunos, es vivir en una ciudad amigable llena de bicicletas y la mejor manera de alcanzar ese sueño es compartir esto que me cambió la vida.

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Estar formal no es excusa!

La sociedad en la que vivimos es bastante auto centrista, muy pocas personas ven a la bicicleta como un medio de transporte y lo vinculan siempre con hacer deporte cuando la bicicleta desde su invención fue un medio de transporte y recreativo, después se convirtió en un deporte. Las ciudades son construidas en base a la lógica del mercado, cuando ingresó el mercado automotriz y nos comenzaron a vender la comodidad y facilidad de andar en él, pasó a ser un símbolo de estrato social. La gente se olvidó de caminar, de andar en bici y de tomar el transporte público (de este último no les culpo, tenemos un sistema muy deficiente). Se comenzó a exigir más espacios para los carros y menos espacios para las personas y los autos terminaron apoderándose de nuestras ciudades convirtiéndose en espacios violentos con respecto a cualquier otro medio de transporte.

La realidad violenta de la calle es tanta, que todos los días tengo que aguantar a algún chofer gritándome “Ándate al parque” o lanzarme el carro porque según él no tengo derecho a estar en la vía pública. Cambiar la forma de vivir la ciudad es bastante difícil pero creo que con pequeñas acciones que se hacen se puede llegar a un efecto de -Masa Crítica-, es por esto que creo necesaria la existencia de espacios para que las personas se animen a probar la bicicleta donde se demuestre que no solo sirve para hacer deporte, si no que puede ser usada como medio de transporte.

Hace algún tiempo estaba pensado en abrir un espacio de cicleadas urbanas que incentive a las personas a salir en bici pero me demoré en animarme. Existen muchos espacios para salir en grupo, pero todos son espacios deportivos. Tambien existe el Ciclopaseo Dominical que puede impulsar la bicicleta, pero como un medio recreativo, no necesariamente de transporte urbano. El único espacio que existía dedicado al ciclismo urbano eran las “Cicleadas Urbanas Nocturas”, organizado por Cicleadas El Rey, que salían todos los lunes a rodar por la ciudad. Duró si no me equivoco alrededor de 7 años, pero resulta que este año dejaron de hacerlas. Fue un poco triste porque era bueno para distraerse los lunes. Aun con estas cicleadas, un espacio seguro, familiar y ciudadano era inexistente para aquellas personas que todavía tienen miedo a subirse a una bici y manejarla en trafico abierto, donde aparte de ciclear se debata acerca de temas actuales de movilidad, se aprenda sobre los derechos y obligaciones que tenemos como ciclistas y que puedas aprender a moverte por la ciudad.

Es por esto que nació la decisión de juntarme con mi querida amiga Laurita, que conocí por coincidencia en una “Masa Crítica”, le propuse realizar esta idea que tenía desde ya hace mucho tiempo. La cocinamos por un par de semanas y nació el colectivo “Ciudad en Bici”. La idea general es cambiar el chip de las personas con el ejemplo, construir la ciudad que tanto anhelamos sobre dos ruedas. Las cicleadas que organizamos se basan en el respeto a todos los actores de la movilidad y la CERO violencia. Un poco difícil con esta ciudad provocativa que muchas veces nos ha llevado a pelear con alguien que nos ha lanzado el carro en la vía, pero nos dimos cuenta que estas personas no entienden por más que tengas la razón, debemos buscar otro mecanismo que sea lejos del grito o el golpe en la ventana para que te regrese a ver.

Recomendamos siempre andar con todas las protecciones y equipo reflectivo necesario, no queremos que la excusa sea “es que no le vi”, respetamos las señales de tránsito, nos comunicamos con todos los participantes de la cicleada, intentamos mantenernos siempre agrupados y de forma organizada en la calle, pero lo más importante de todo y a lo que más le ponemos empeño es en crear un ambiente amigable entre ciclistas y que se pueda disfrutar de la ciudad para que se animen a pedalear todos los días en sus actividades y comience este proceso de “construcción de la ciudad”.

Han sido ya dos meses desde que lanzamos la primera cicleada que cada lunes ha convocado más y más ciclistas y nos hemos encontrado en el camino con gente dispuesta a colaborar voluntariamente con este proyecto, ha nacido la complicidad y compañerismo con la expectativa de una nueva temática como una mera excusa y enganche para conocernos más. Nuestro sueño es vivir en una ciudad con mucha gente respetuosa, tolerante, que opte por la bici como un lindo medio de transporte, el resto viene por añadidura.

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Cicleada “Ciudad en Bici”
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